Modelos de negocio que resuelven problemas sociales: ¿Una nueva esperanza para el estado de bienestar?

27.10.2013

Por Miquel de Paladella.

Uno de los grandes retos de las ONG de todo el mundo es responder a los problemas sociales con soluciones que puedan acabar con el problema que abordan.

En lugar de poner tiritas a las hemorragias, nos debemos replantear las soluciones e implantar acciones que tengan el potencial de crecer hasta solucionar el problema social y reconocer que, históricamente, no lo hemos conseguido. La gran mayoría de nuestras actividades alivian problemas o son anécdotas locales que no superan las fronteras del proyecto inicial. He sido testigo de cientos de proyectos pilotos que no se han convertido en proyectos a gran escala, hayan tenido éxito o no (y muchos de ellos no han sido ni evaluados). También he visto cómo un problema crecía más rápidamente que sus soluciones, haciendo nuestro proyecto cada vez más irrelevante.

Sin embargo, hay maravillosas excepciones que nos iluminan el camino. Las ONG están detrás de cambios sustanciales, como el tratado prohibiendo las minas antipersonas de 1997, la creación de la Corte Internacional de Justicia en el 2002 o el reciente tratado para regular el control del comercio de armas (2013). He trabajado en organizaciones que han conseguido que el gobierno de Kenia hiciera gratuita la educación primaria en el 2003 y la secundaria en el 2008. Estos éxitos se han alcanzado gracias a esfuerzos de incidencia política. Lamentablemente, en lo que a servicios sociales básicos se refiere, nuestra cuenta de resultados es más bien pobre. La prestación de servicios en España y en cooperación al desarrollo no ha conseguido hasta ahora resultados espectaculares.

Cuando creamos UpSocial hace un par de años, quisimos centrarnos en ayudar a implantar innovaciones que resolvieran problemas sociales y que tuvieran el potencial de adquirir una escala suficiente como para afrontar el problema con garantías de resolverlo. En estos dos años hemos aprendido que, en la mayoría de casos, las innovaciones capaces de solucionar un problema lo consiguen a través de dos vías: la primera, más tradicional y explicada anteriormente, a través de la incidencia que transforma políticas públicas, leyes o instituciones. La segunda es a través del mercado. Hemos sido testigos de cómo emprendedores sociales, tan comprometidos con la resolución de una causa como quienes han creado una ONG u otro tipo de entidades sociales, encuentran modelos de negocio que les permiten escalar una solución que resuelve un problema social.

Thorkil Sonne y Frank Hoffmann son dos ejemplos de ello. Thorkil es un emprendedor social que creó una empresa de pruebas de software utilizando las habilidades especiales de las personas con trastornos del espectro autista o similares: gran atención a los detalles, capacidad tremenda de concentración durante mucho tiempo e intolerancia a los fallos. Habilidades que las convierten en personas especialmente competitivas. El objetivo de Thorkil es ofrecer una ocupación de alto valor añadido a personas con autismo, como su hija, y lo consigue a través de una empresa social, Specialisterne. Su obsesión: crear 1 millón de puestos de trabajo para personas con autismo en todo el mundo. Specialisterne España fue presentada en julio del 2013.

Discovering Hands, un modelo similar ideado por el médico alemán Frank Hoffmann, plantea una solución que crea una nueva profesión para personas invidentes o con visión reducida. Aprovechando su extraordinario desarrollo del sentido del tacto, las forma como examinadoras médicas táctiles (EMT) que detectan malformaciones de tejido mucho más pequeñas que las que pueden detectar los médicos ginecólogos, facilitando el diagnóstico precoz de tumores en mujeres de 30 a 50 años que no se someten regularmente a mamografías. No sustituye al médico, sino que lo complementa. Así ha creado una profesión de alto valor añadido para mujeres ciegas. Los exámenes de las EMT son reembolsados por todas las mutuas privadas y fondos de salud públicos en Alemania.

En estos dos casos, el mercado es el que permite llevar la repuesta a escala. Acaba con la marginación y el aislamiento de personas que hasta ahora eran difícilmente empleables.

Obviamente, esta vía de solución no es aplicable a todos los casos y el Estado debe seguir velando por las personas más vulnerables, garantizando el bienestar y los derechos de las personas excluidas. Pero los dos ejemplos mencionados nos enseñan que, en algunos casos, hay soluciones superiores en dignidad, en eficacia y en eficiencia. Y quizás en estas soluciones esté una de las claves de la sostenibilidad del estado de bienestar, que no será el mismo que teníamos hace 10 años… ¡Hasta podría ser mejor!